Todos sabemos lo que es un campo de un formulario pero: ¿Sabemos cuál es su longitud aconsejable? ¿Cuándo no utilizar tipografía proporcional? ¿Sabemos qué diferencia un campo protegido de uno no disponible? El objetivo de este artículo es aportar soluciones a aspectos de diseño de los campos y su interacción que a menudo suscitan dudas al diseñador. Por su extensión, el artículo se ha dividido en dos partes, ésta es la primera entrega.
Me refiero no a la tipografía de las etiquetas si no a la de los valores que contengan los campos. Lo más frecuente suele ser utilizar la misma tipografía que las etiquetas y que normalmente será sin serifa y proporcional como, por ejemplo, arial, verdana o tahoma.
Sin embargo, en campos de entrada, la tipografía proporcional puede dar algún problema de feedback ya que no permite al usuario predecir el número exacto de caracteres que puede introducir. En la mayoría de las ocasiones esto no será realmente un problema y primaremos la coherencia de tipografías con el resto del formulario. Pero, cuando estemos diseñando para usuarios que deban utilizar el formulario con mucha frecuencia, deberemos primar la utilidad a la estética y utilizar las fuentes monoespacio no proporcionales, como la courier, si es necesario.
Por ejemplo, para un campo en donde el usuario deba introducir el nombre de una empresa u organización podríamos reservarle un espacio de 30 caracteres, suficiente par la mayoría de los casos. Veamos lo que pasa con los nombres siguientes:

El primer nombre contiene 30 caracteres y el segundo 32. Cuando el usuario introduzca el primero, no tendrá ningún problema puesto que hemos reservado 30 caracteres, pero cuando introduzca el segundo no podrá introducir los dos últimos, el sistema se lo impedirá. Sin embargo, el usuario percibirá espacio en blanco sobrante a la derecha y, probablemente intentará introducir los 2 caracteres restantes con el lógico resultado de frustración. Lo peor será que el usuario no tiene manera de saber en qué casos podrá introducir toda la información y en cuales no, con lo que no podrá evitar errores futuros.
Esto, evidentemente, no tiene importancia si se trata de formularios o aplicaciones de uso poco frecuente. Pero si nos ponemos en el lugar de un responsable de compras que para cada pedido deba introducir el nombre de un proveedor, le será mucho más práctico que el formulario utilice una fuente no proporcional, tal y como se muestra en el ejemplo siguiente.

En este caso, a medida que introduce la información, el usuario puede predecir el espacio restante y abreviar, si lo precisa, el contenido. En el ejemplo anterior, el usuario ha optado por eliminar los puntos del acrónimo "S.A.".
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