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Cookies

De todas las tecnologías utilizadas en Internet, posiblemente una de las peor comprendidas y más demonizadas hayan sido las cookies.

Concebidas originalmente para permitir la conservación de información sobre el estado de la navegación de los internautas, pronto se explotó su potencial para rastrear las idas y venidas de los navegantes.

El abuso por parte de los anunciantes condujo al nacimiento y circulación de leyendas urbanas sobre los poderes mágicos de las cookies: desde leer el disco duro hasta ejecutar comandos en el ordenador del internauta. Dado que siempre resulta más sencillo creer rumores que investigar sobre su veracidad, pronto se extendió una leyenda negra que impulsó a los navegantes a recelar de las cookies.

Pero, ¿qué son realmente? Para entender la razón de ser de las cookies, antes es imprescindible comprender cómo funciona el protocolo HTTP (Protocolo de Transferencia de Hyper Texto) de Internet, usado para la navegación a través de páginas web. Cuando usted visita una página escribiendo "http://www.servidor.com/documentos/intro.html", su navegador envía una petición al servidor llamado "www.servidor.com" en la que le pide que le devuelva la página "intro.html", que se encuentra en el directorio "documentos". Si dentro de esa página existe un enlace a otra página del mismo servidor y hace clic sobre él, el navegador solicitará la nueva página, pero el servidor no tendrá forma de saber si se trata del mismo navegador que solicitó la primera página o se trata de otro navegador distinto.

Esta limitación se presenta debido a que HTTP es un protocolo sin estado: no permite distinguir si dos peticiones consecutivas provienen del mismo usuario o de dos usuarios distintos. Con el fin de salvar este escollo, se crearon las cookies. Cuando un usuario pide por primera vez una página al servidor, éste manda una cookie a su navegador con un identificador único. El navegador la almacena en el disco duro y si más tarde, no importa si diez segundos o diez días después, decide pedir otra página al mismo servidor, el navegador le devuelve la cookie junto con la nueva petición de página, de manera que el servidor pueda reconocerle como el visitante anterior.

Debe quedar claro que una cookie no es más que un fichero de texto ASCII que el navegador del usuario almacena en el disco duro. Por lo tanto, no hay que alarmarse, ya que el servidor no puede leer el contenido del disco ni tener acceso al sistema. El servidor envía en la cookie cierta información, solicitando al navegador que la escriba en el fichero de texto. Por lo tanto, es el navegador, no el servidor, quien escribe y lee en el disco duro. Como todos los usuarios de ordenador saben, un fichero de texto contiene solamente caracteres ASCII y por lo tanto no puede ejecutar comandos ni nada parecido.

Las cookies no pueden espiar silenciosamente al usuario para enviar luego la información supuestamente recabada porque ¡son nada más que ficheros de texto! Y en cuanto a la información que almacenen, no debe preocuparse porque oculten secretos, ya que contienen lo que el servidor ha pedido que guarden. Si el servidor posee algún dato confidencial del usuario, será porque el usuario se lo ha entregado antes, desde luego que no porque lo haya robado la cookie.

Otra cuestión diferente es si el servidor pide guardar o no en la cookie datos sensibles, como contraseñas o números de tarjeta de crédito. Desde luego, esta solución constituye una mala práctica de diseño y lo cierto es que no se encuentra a menudo, pero, entiéndase bien, las cookies no son responsables. Se limitan a almacenar lo que el servidor indique. Por lo tanto, las cookies no son más que unos pequeños ficheros de humilde texto que permiten saber a un servidor web si el usuario que le visita es el mismo que ya se pasó anteriormente. Cuantos más datos personales le revele al servidor, mejor podrá identificarle éste. Pasará de ser un número en una cookie a un internauta con nombres y apellidos. Y entonces sí, la intimidad se verá amenazada y algunos de los rumores justificados.

Si después de estas explicaciones se siente incómodo con las cookies, puede deshacerse fácilmente de ellas. Los navegadores actuales incorporan las opciones necesarias para bloquearlas . No obstante, tenga en cuenta que muchos sitios exigen la activación de las cookies para funcionar correctamente. Si lo desea, puede recurrir a una solución intermedia, permitiendo las cookies en aquellos sitios de su confianza y bloqueándolas en el resto. En definitiva, se trata de navegar seguro y a gusto, sin la incertidumbre de si en algún lugar se está trazando su perfil personal, con sus hábitos y preferencias.




Autor: Gonzalo Álvarez Marañón
http://www.cibernauta.com/cibertecno/cibertecno_analisis_articulos.php?articulo=1332.php

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