Cómo recuperamos la web: de la guerra de navegadores a la web 2.0, pasando por los microformatos
Jeremy Keith es un tío listo. Gracias en parte a su dominio de la programación en Javascript, ha podido crear Adactio Elsewhere, dónde recopila fotos, enlaces y eventos en su propio nudo central de información. La tarea de Jeremy se ha visto enormemente facilitada por cosas como la proliferación de las tecnologías de sindicación de contenidos y de APIs, un mecanismo fácil de recuperar información, en los distintos servicios web.
Con esfuerzos como este vamos llegando a lo que se llama la Web 2.0, un pasito más hacia las promesas de la web semántica. Antes la web estaba hecho de "sitios", que "visitabamos", hacia donde "navegábamos". Ahora, la web va cada vez más hacia una serie de servicios. Antes queriamos sitios y llegabamos a ellos a traves de los navegadores. Ahora queremos información y llegamos a ella a través de los sitios. El sitio ha pasado de ser el recurso a ser el interfaz.
Este ha sido un proceso azaroso y como todas las cosas interesantes tiene detrás una historia llena de desarrollos e imprevistos. Y cómo las noticias de última hora, está ahora mismo desarrollándose delante de nuestros ojos.
El fluido vital de la web son los lenguajes de marcado que se usan para crear las páginas que conforman los sitios. Probablemente hayas oido hablar de HTML. Es solo un conjunto de elementos (también llamados etiquetas) que crean la multitud de diferencias entre un documento web y un documento en texto plano. A utilizar determinados elementos HTML para acompañar o "vestir" determinado texto se lo conoce como "marcar" el texto. Un agente de usuario, un navegador, es un intérprete que traduce muy deprisa esas marcas a otro tipo de símbolos: una imagen, una negrita, una tabla, un determinado tono de voz...
Esta, en cierta manera engañosa, sencillez de uso de los lenguajes de marcado, junto la explosión demográfica de la web causó una espiral de problemas y una degeneración en la calidad del código utilizado. Visto en retrospectiva es un proceso natural, lo que no quiere decir óptimo: descubrimos un juguete nuevo y brillante y nos lanzamos sobre él con más ganas de toquetear que de leer el manual de instrucciones.
¿Quién se podía parar a meditar sobre las implicaciones a largo plazo cuándo acabas de descubrir que con un simple elemento "blink" puedes crear un aparente y vistoso efecto en pantalla? Mi texto parpadea, mi texto tiene efectos especiales, mi texto está vivo, mi texto se puede leer en Mozambique o en Hong Kong. Sírvete una copa y pásame una a mí. Ya.
Sin embargo, como todas las buenas borracheras, no tardaron en aparecer los síntomas de una devastadora resaca. Y como en todas las borracheras realmente memorables, descubrimos que habiamos cometido un tremendo error. Un error que roncaba sonoramente a nuestro lado.
Verás, para empezar el objetivo de todo este tinglado era la universalidad, la promesa de 'escribe una vez / lée en cualquier parte". Usa un determinado elemento (etiqueta) y estáte seguro de que lo que has querido decir será transportado más o menos indenme a través de todos los canales y dispositivos que acepten HTML.
Ese era el Sueño. Entonces llegaron las tentaciones fáciles. Los principales navegadores empezaron a desarrollar sus propias innovaciones, sus propios especiales sabores, que ofrecían satisfacción inmmediata a cambio de una pequeña traición al Sueño: las innovaciones eran propias de cada navegador, no parte del estándard HTML, así que sólo funcionarían en ese parque de navegadores. Mucha gente, la inmensa mayoría aceptó el trato. Y surgieron más elementos exclusivos de un navegador, "elementos propietarios", que eran utilizados como arma competitiva por los navegadores para conseguir más cuota de mercado. Las apuestas subían. Netscape veía el "marquee" (etiqueta que permite un texto deslizante o marquesina) de Microsoft y subía con un "blink" (texto que parpadeaba). Todos ganábamos, todos perdíamos aunque no nos dabamos cuenta, claro. Estábamos como cubas.
Las consecuencias de estas famosas (infames) guerras de navegadores, este maremagnum de etiquetas propietarias fueron las conocidas webs optimizadas para una navegador concreto, especímenes que proliferaron y durante un tiempo parecieron hacer inevitable la balcanización de la web, fragméntandola en feudos aislados y esclavos de un determinado navegador.
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